La ilustración y el diseño en la era digital (I)

En la misma mesa redonda a la que nos estamos refiriendo en los últimos posts intervino también el diseñador e ilustrador Manuel Estrada, reflexionando sobre cómo afectan los medios digitales a los artistas visuales. En esta y las próximas entregas, ofrecemos algunos extractos de su intervención.

[…] Ocurre que en el último período de nuestra historia la imagen se ha convertido en algo que nunca había sido: nuestra cultura visual aparece con la pintura occidental, como la base de lo que hemos llamado la cultura de lo visual. La fotografía vuelve nuevamente a cambiar esto, e irrumpe como algo que se convierte en un segundo lenguaje: si habíamos establecido un lenguaje con la escritura, la segunda gran alfabetización se produce con la imagen, sobre todo con la generalización del uso de la herramienta de fotografiar, reproducir y publicar. Esto Internet aún lo amplía más; es decir, por un lado hay un mecanismo de democratización: ya no hace falta manejar la pintura, una herramienta muy sofisticada, para expresarse con lo visual; esto está cada vez más al alcance de todo el mundo, y en ese sentido democratizamos algo.

No obstante, esta democratización también tiene riesgos. […] Se ha generalizado el uso de la imagen, pero no es lo mismo quien es dueño de grupos, medios y plataformas que quien produce esa imagen; sobre todo que quien produce esas imágenes y vive de ellas.

En este sentido, el trabajo de los ilustradores, de los fotógrafos y de los diseñadores en realidad forma parte de un mismo todo; yo presido una asociación de diseñadores, DIMAD, además de ser miembro de APIM y de VEGAP, y veo que los problemas son los mismos; la nuestra es una batalla que apenas se está empezando a librar ahora. Cuando hablamos de autoría, la cualidad de los autores visuales apenas está reconocida como autoral; hay un enorme escalón entre lo que ocurre en la legislación, en el marco europeo e incluso en el estatal, y en la vida cotidiana. En mi propia experiencia, yo trabajo para alguno de los grandes grupos como diseñador, y de pronto me encuentro con cosas como que diseño la imagen de una gran colección de libros, y, aunque sé cuáles son mis derechos, también sé que si quiero seguir trabajando en ese grupo tengo que ceder la tipografía que he diseñado específicamente para eso. Hay una enorme desproporción de fuerza. Uno puede ser Robin Hood y decir: «aguanto el empujón, nunca vuelvo a trabajar con estos», pero la realidad y la legalidad caminan sobre pies diferentes. Por tanto, es muy importante la labor de las asociaciones, y también la de las sociedades de gestión, que muchas veces se critican con demagogia libertaria sobre la libertad de uso de las cosas en Internet. Librar esta batalla es una tarea de muchos, pero sobre todo de la gente que crea imágenes y que entiende que todo esto no solo sirve para beneficiar a los autores sino a todo el que puede serlo mañana. Sobre todo porque, además, si esto no se consigue regular, la creación se pone en peligro, en conjunto: no solamente porque no sea rentable desde el punto de vista económico, sino porque desde el punto de vista moral uno llega un momento en que decide dedicar su capacidad a otra cosa, porque no hay territorio propicio, y la sociedad no entiende, no reconoce su labor, aunque la ley lo haga. […]

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