Los problemas del derecho de autor en la prensa (I)

En la mesa redonda de presentación del Informe 2008 en Madrid, el pasado mes de noviembre, se contó con la presencia de Ramón Salaverría, profesor de Periodismo y uno de los mayores especialistas en lo que se ha venido a denominar convergencia digital en los medios de comunicación, y por tanto una de las personas que mejor pueden explicar los problemas a los que se están enfrentando los profesionales que trabajan en ellos, caso de los ilustradores; como él mismo reconocía al iniciar su intervención, el ámbito del periodismo tiene «una enorme cantidad de analogías con los problemas y circunstancias» del mundo de la ilustración.

Precisamente, hoy se publica un breve vídeo, coincidiendo con la renovación de la edición digital del diario Abc, en el que se describen a grandes rasgos los cambios radicales que se están dando en la prensa, y en él interviene también el propio Salaverría.

Ofrecemos, a continuación, el primero de los extractos de su intervención (la versión íntegra será publicada con el nuevo Informe del Observatorio).

[…] Primero, una cuestión de contexto: lo que ha traído Internet a los medios de comunicación son algunos cambios sustanciales en la forma de operar el periodismo. Por ejemplo, hemos pasado a una plataforma de carácter transterritorial, algo que en los sistemas tradicionales de los medios de comunicación estaba perfectamente regulado porque los medios impresos tenían un alcance geográfico determinado, y los medios audiovisuales lo tenían también acotado por las licencias de emisión mediante la concesión de frecuencias radioeléctricas. En el ámbito de Internet pasamos a una potencial difusión mundial de los contenidos, si bien también algunos de ellos pueden ser limitados por algunos derechos de emisión, de modo que, por ejemplo, contenidos audiovisuales pueden ser consumidos por Internet en un territorio determinado y quedar vetados al visionado por parte de usuarios de Internet de otros países.

En cualquier caso, esta transterritorialidad de Internet incorpora también un factor de, digamos, fragilidad legal, y es la heterogeneidad reguladora, porque nos atenemos a distintas fórmulas y distintas modalidades. Con esto, en muchas ocasiones, hay un cierto vacío legal. El hecho de que existan usuarios, fórmulas de consumo en distintos lugares, emisores potenciales de distintos lugares, etc. genera una cierta indefinición.

Por otra parte, y aunque sea señalar algo obvio, Internet ha traído, con respecto a los medios tradicionales, algo tan definitivo como la sencillez de copia: con los medios impresos y los audiovisuales, efectivamente, podía realizarse una copia con unas técnicas más o menos conocidas, pero en cualquier caso su redifusión o su alcance tendía siempre a ser limitado, mientras que en Internet nos encontramos con una plataforma en la que la potencial redifusión de unos contenidos plagiados puede obtener exactamente el mismo alcance que tiene la obra original. […] Podemos decir que desde el punto de vista de los autores, de los periodistas, no existe una conciencia clara de hasta dónde se puede exigir respeto a sus derechos.

En esta perspectiva periodística habría que mencionar también el hecho de que la obra periodística, como muchas otras obras de carácter literario, científico o artístico, está sujeta a derechos de autor. Es verdad que la obra periodística tiene algunas peculiaridades que la sitúan tal vez en un territorio fronterizo respecto de otras obras de carácter netamente artístico o literario, en donde la atribución personal de la obra sí que es mucho más clara. Sin embargo, como nos han recordado aquí, hay por una parte una serie de derechos morales, y, por otra, toda una serie de derechos patrimoniales.

El periodista autor de una información, de un reportaje, de una entrevista, o un fotógrafo, o, en vuestro caso, un ilustrador, mantiene una serie de derechos morales, que son inalienables e irrenunciables, pero por otra parte es la empresa la que lleva a cabo una explotación de los derechos patrimoniales, y se atribuye de alguna forma en exclusiva esa gestión. Este aprovechamiento de esos derechos patrimoniales alcanza un desarrollo muy grande en los últimos tiempos, en donde se está derivando hacia un modelo de gestión de empresas periodísticas multiplataforma.

Porque antes, las empresas periodísticas, incluso aquellas que estaban constituidas por distintos medios (que tenían una cabecera impresa, una radio, una televisión; que comenzaban a tener una edición digital) mantenían una cierta independencia o autonomía de actuación entre cada uno de esos medios dentro de la empresa. Ahora en cambio se está pasando hacia una modalidad de gestión coordinada de los distintos medios, tanto desde el punto de vista comercial como desde el punto de vista editorial, y es la empresa periodística la que se instituye como gestora de los derechos de autor a través de las distintas plataformas, haciendo y deshaciendo a su antojo. […]

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