Los libros en la era digital

Se habló también en la mesa redonda celebrada en València de que, a pesar del mar de incertidumbres al que se enfrentan los creadores —con toda la industria en conjunto— en el imparable proceso de convergencia digital —que hace que los problemas de los diferentes sectores habituales de la ilustración cada vez sean más similares—, hay razones para el optimismo.

Frente a la dinámica insostenible de la distribución editorial comentada en el Informe 2008 del Observatorio, comienzan a verse alternativas cada vez más factibles en la edición bajo pedido. Joaquín Rodríguez, en su muy recomendable blog Los futuros del libro, lleva tiempo llamando la atención sobre esto, y, por ejemplo, recomendaba hace poco, con ocasión de la Feria del Libro de Guadalajara, la lectura del documento «La larga estela (The long tail) en el sistema del libro» [Word, 82 Kb] (contribución de Robert Max Sttenkist al Estudio prospectivo del sector editorial latinoamericano).

De lo que se trataría con la impresión bajo pedido (o «por demanda») es de conseguir un catálogo siempre vivo, no sujeto al almacenaje, los costes de transporte ni las limitaciones de la tirada; es decir, dar la vuelta al modelo presente y actuar con la lógica de editar de acuerdo con las peticiones de los lectores, en vez de fabricar miles de ejemplares impresos que no se sabe a ciencia cierta si van a encontrar comprador (y en la mayor parte de los casos no lo encuentran). No se trata ya de ciencia ficción. Al menos una cadena de librerías británica y al parecer otra alemana están apostando por este sistema con el que desaparecería el concepto de «libro descatalogado», y que conviviría, por lo menos en una primera etapa, con el libro digital (es decir, aquel que ya no tiene el papel como soporte).

Esto traerá consigo, entre otras, dos claras ventajas para los autores en general y los ilustradores en particular: que sus obras no van a depender tanto de la distribución física y de los plazos de amortización que condenan al libro habitualmente a una existencia de solo unos meses, y también que —al menos en teoría— las nuevas tecnologías van a permitir un control preciso de los ejemplares difundidos, cosa que hasta ahora, a pesar de las disposiciones legales existentes, era en la práctica una cuestión de confianza entre autor, editor y distribuidor.

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